La paridad no es negocio

Posted on 23/12/2015

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Uno de los supuestos más repetidos en la historia del deporte es que un torneo parejo es más entretenido y atractivo que uno en el que hay diferencias grandes entre sus competidores. En un sentido claramente es cierto, porque saber de antemano quién va a vencer es aburrido. Pero, en una escala mayor, es falso. O por lo menos hay varios ejemplos de que puede serlo.

Que Roger Federer, Rafael Nadal y luego Novak Djokovic hayan ganado la gran mayoría de los torneos que disputaron y se hayan alternado los primeros 3 puestos del ranking ATP no hizo menos interesante al tenis masculino. Todo lo contrario. Otro ejemplo es el de Pete Sampras y Andre Agassi: cuando grandes figuras dominan la escena y la monopolizan, el deporte se vuelve más atractivo.

A la Champions League no le quita audiencia, éxito ni impacto mediático que haya tres clubes que casi siempre llegan a semifinales, sino todo lo contrario. Que dos de esos tres clubes sean casi un duopolio en España, tampoco.

Que distintos períodos de la historia de la NBA hayan sido dominados por ciertos protagonistas (Celtics, Lakers, Bulls de Jordan, Spurs de Duncan, LeBron James, ¿y a partir de ahora los Warriors de Curry?) no perjudicó a la comepetición, sino que la convirtió la liga nacional más global.

¿Por qué sucede esto? Esto es lo que pienso:

Los medios de comunicación (o más bien, los canales de difusión si uno incluye además de la prensa a las redes sociales y otros elementos) son más variados y amplios que nunca, capaces de crear y llegar a nichos impensados hasta hace poco.

Pero, por toda la variedad de temáticas informativas que hay disponibles, la capacidad de crear agenda (llegar a ser “tema del día”) sigue siendo limitada. Hasta uno podría decir que la cantidad de temas de agenda mediática ha disminuido, se ha concentrado en menos temas que antes y se ha vuelto más repetitiva y recurrente, porque cada uno de esos temas tiene más información y más material que antes. El espacio en los medios es mayor, sí, pero se lo reparten entre los mismos temas y protagonistas que ahora tienen armas más grandes. Y porque es más atractivo, tanto para medios como para espectadores, hablar y leer sobre las estrellas que ya conocemos que “perder tiempo” ocupándose de aprender nuevos protagonistas permanentemente.

Y por eso los clubes y deportistas que monopolizan sus competiciones terminan beneficiándolas. Un torneo Masters 1000, ¿ocuparía tanto lugar en los medios de todo el mundo si no compitieran Roger, Rafa y Nole? ¿Los noticieros de cuántos países dejarían de hablar de la Liga Española si el campeón fuera un club distinto cada año y las estrellas del Real Madrid y el Barcelona estuvieran diseminadas entre los otros 18 clubes? La final de la Champions, ¿sería un evento global de semejante escala si los finalistas fueran, por ejemplo, Sampdoria y Lille? Personalmente, no lo creo.

Por supuesto que al fanático seguidor de un deporte seguramente no le molestaría que esas cosas pasen, y consumiría el evento del mismo modo. Pero al simple aficionado deportivo, y ni hablar al espectador ocasional, sí seguramente le harían una gran diferencia. Y ellos son los que pueden determinar su nivel de éxito e impacto. Los que se informan poco u ocasionalmente. Para que ellos lleguen a conocer y sentirse atraídos por un evento o un protagonista, hay que meter a ese evento o protagonista en la agenda. Y para entrar en la agenda deben ser algo realmente destacado. Por carisma, por cercanía (en el caso de medios locales y nacionales)… o por su calidad, prestigio y éxito. Y para eso deben DOMINAR. Ser referencia absoluta en su competición o en su deporte. Entrar en la agenda, u ocupar un lugar más importante en ella, genera a través de esos protagonistas una onda expansiva que beneficia en menor medida a otros competidores que eventualmente enfrenten y ocasionalmente derroten a nuestras estrellas. Estos otros competidores, puesto de otra manera, toman una porción proporcionalmente menor de una torta que es más grande. Una especie de Teoría del Derrame aplicada al negocio deportivo. ¿O podrían tantos clubes españoles conseguir patrocinios chinos si no fuera por el éxito desmedido del Real y el Barcelona?

Pero, por supuesto, nunca es entretenido que siempre gane el mismo. Nada más aburrido que ver al Bayern Munich llevándose Bundesliga tras Bundesliga con 20 o 30 puntos de ventaja. Para que el dominio genere interés, se necesita un relato que mantenga algo de incertidumbre. No existe el héroe en una narrativa si no hay un villano que amenace con vencerlo… Real Madrid-Barcelona, Celtics-Lakers y Federer-Nadal son los ejemplos más perfectos y duraderos de eso, pero también puede ponerse como ejemplo a un héroe que vence alternadamente a distintas contrafiguras a lo largo del tiempo, como los Bulls de Jordan, Usain Bolt o Tiger Woods. Tres figuras que no casualmente han sido importantes para aumentar el atractivo de sus competencias y disciplinas. “¿Corre Bolt? Si no, entonces no me interesa”, dirán muchos programadores de noticieros no deportivos, y dirán aquellos televidentes que no son seguidores del deporte. Y ese el fruto de, entre otras cosas, la falta de paridad competitiva.

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