La LNB y los defectos estructurales que conspiran contra su éxito

Posted on 26/03/2014

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En esta entrada anterior, en vistas de los cambios ocurridos en la LNB en aquel momento, había hecho una aproximación a las causas (reglamentarias, de mercado, sociales y culturales, internas y externas) que la habían conducido a una crisis y a la necesidad de cambios urgentes. Hoy apuntaré a otra aproximación, esta vez a algunas causas estructurales que conspiran contra su difusión y contra el éxito comercial de los clubes que la componen, sin importar la calidad de sus equipos de marketing (que en algunos casos los tienen y son muy buenos).

1) Un equipo de por cada ciudad

Esto ya lo había mencionado en el post arriba enlazado: en general cada ciudad tiene un equipo, pero ese equipo no representa a toda la ciudad sino a parte de ella; dado que hinchas, socios y comunidades vinculadas al resto de los clubes de la ciudad seguramente no se plieguen al proyecto de un club al que consideran un rival. Eso concluye en un menor público potencial, lo que a su vez ocasiona menores concurrencias, patrocinios, espacio en los medios y relevancia cultural.

Pero, ¿por qué lo consideran rival? No necesitan competir en la misma categoría para ser rivales, ni siquiera hace falta que ambos compitan en distintas categorías nacionales. Lo que determina la rivalidad entre los clubes de una misma ciudad son las décadas de enfrentamientos en ligas locales y regionales, las comunidades que se arman en torno a ellos, las historias que se forman. Y si esas historias indican que hay rivalidad entre distintas “marcas” que están en la misma categoría mental de la población (“clubes de básquet de mi ciudad”), no es de esperar que los aficionados a una marca pasen en el corto plazo a apoyar a otra en pos de un bien común. Ese proceso puede requerir décadas de separación, para que la población los separe en dos categorías distintas y pueda apoyar a ambos sin contradicciones. Y los clubes que llevan más de dos décadas compitiendo a nivel nacional son Atenas de Córdoba, Gimnasia de Comodoro, Peñarol de Mar del Plata, Quilmes de Mar del Plata… ellos sí pueden arrogarse la representatividad de sus ciudades (en el caso de los marplatenses es compartida, obviamente),

Este proceso se ve acentuado hasta el paroxismo en la región metropolitana del AMBA. Hay más de 100 clubes afiliados a FEBAMBA (la federación local), con lo que uno concluye que el mercado del básquetbol debería ser potencialmente interesante. Sin embargo los clubes metropolitanos que disputan categorías nacionales muy pocas veces suelen contar con concurrencias aceptables, ni hablar del casi nulo impacto popular. Podría concluirse, en pocas palabras, que casi no hay un club metropolitano que tenga suficientes hinchas para su equipo de básquet como para justificar la existencia de un equipo profesional.

La ACLAV, la liga argentina de vóley, tenía este mismo problema en sus comienzos; lo solucionó en gran medida, gracias a la creación de instituciones distintas a los clubes ya existentes (Ciudad de Bolívar, Buenos Aires Unidos, Misiones Vóley, Rosario Sonder, Lomas Vóley, UNTreF Vóley, UPCN Vóley, Gigantes del Sur, incluyendo equipos actuales y desaparecidos). Son instituciones sin una base propia, pero que por eso mismo pueden aspirar a acaparar todo el público potencial de todos los clubes de la ciudad. Pertenecen a categorías mentales distintas. Nacieron para otra cosa. Y por contar con una mayor escala de público potencial, pueden invertir en mejor infraestructura y un mejor espectáculo. En el básquet sólo Quimsa tiene una representatividad de ese estilo, por no ser un club tradicional sino una fusión entre tres clubes; y La Unión de Formosa, por ser un proyecto similar a los del vóley. De hecho La Unión compite nacionalmente en ambos deportes.

(En otro post explicaré a qué me refiero con “categorías mentales”. Lo prometo.)

2) Historias desaparecidas.

Muchas veces, el principal atractivo de un evento deportivo no es el evento en sí, sino las historias que lo rodean. Por ejemplo, las rivalidades históricas entre dos clubes. O entre sus jugadores. O un jugador que “traiciona” a un club yéndose a su archienemigo. Partidos memorables. Los títulos conseguidos por los contendientes.

Bueno, el devenir del mercado, la inestabilidad de los clubes y su imposibilidad de permanecer le ha inutilizado a la LNB buena parte de su historia. Ferro, GEPU, Ben Hur, River Plate, Independiente de Pico, Estudiantes de Olavarría, Olimpia: todos clubes que han sido campeones o han jugado finales, han jugado partidos memorables con grandes jugadores… y desaparecieron de la Liga (no incluyo a Estudiantes de Bahía Blanca, porque ha tenido continuidad en Weber Bahía). Esas son historias que se pierden. Atractivos que se pierden. Marcas que se pierden. Y sólo el tiempo las construye. Ese es el lado negativo del sistema de “libre deuda” del básquet nacional, al forzar el retiro de clubes endeudados. El fútbol, en cambio, cuenta con historias riquísimas que ya acumulan más de 80 años entre casi siempre los mismos clubes: no hace falta explicar quiénes son.

Y también hay una falta de historias de coyuntura que haga atractivos a choques específicos, más allá de los choques como los Peñarol-Regatas de esta temporada que enfrentan a los mejores equipos y jugadores del país. Choques de estilos, tensiones, récords, fichajes, despedidas, broncas, animosidades: elementos que hagan atractivo a un encuentro mucho antes de que efectivamente empiece a disputarse.

Ambas historias, las de largo plazo y las coyunturales, son construidas en buena parte por la prensa; es la que difundió las identidades de nuestros clubes de fútbol, la que a la larga generó estereotipos, la que polemiza, la que debate, la que discute, la que impone agenda, la que sobredimensiona hechos o los minimiza. Pero siempre lo hará con algo (no todo) de realidad en qué basarse.

(También prometo explicar el concepto de “historias”. O, para usar un término más de moda, “el relato”.)

3) Planteles inestables.

A primera vista, ¿qué tienen en común los grandes equipos de las más grandes ligas deportivas del mundo? La estabilidad de sus planteles. es regla general. Ayuda a identificar a los jugadores con los clubes. Ayuda a los hinchas a empatizar con sus jugadores, a tomarles afecto, o bien a odiarlos (lo que igual es mejor que la indiferencia que puede generar un grupo de jugadores que está hoy acá y mañana allá). Ayuda a que, al haber pocas incorporaciones y salidas, cada una de ellas sea noticia y genere interés. Ayuda a vender camisetas. Ayuda a que eventualmente los jugadores sean cara de campañas publicitarias o solidarias del club. Ayudan a que se recuerden equipos históricos, formaciones de memoria, épocas.

Es común ver en la LNB clubes que modifican el 75% de sus planteles de temporada a temporada. Pocos jugadores permanecen en los mismos clubes por más de 3 o 4 años. La gran excepción es Peñarol, que formó un núcleo identificable con Campazzo, Gutiérrez y Leiva. Mucho ha cambiado desde la época más atractiva de la Liga, entre los 80 y 90, en la que Ferro era sinónimo de Cortijo y compañía; o Atenas, de Milanesio, Campana, Osella y Oberto, por citar dos ejemplos.

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